sábado, 29 de enero de 2011

La historia de los Curtidos en Ubrique, por Manuel Cabello Janeiro

 

Ubrique visto por Manöel Pillard, 1974



Hace casi tres años que estamos recuperando el trabajo de nuestros padres, y al escanear el capítulo de las cien fuentes nos hemos dado cuenta de algo fundamental para nuestra historia familiar y la historia de nuestro pueblo en particular: aún no habíamos publicado la historia de los curtidos y de la marroquinería en Ubrique, publicada en 1992 en "Ubrique, piel al descubierto". 
Vamos a remediar rápidamente este olvido publicando los capítulos VII y VIII, si quieren disponer del texto completo, pueden consultar el siguiente enlace: 


Capítulo VIl
LA PIEL DE UBRIQUE. LOS CURTIDOS


El pilar fundamental de la economía ubriqueña es la PIEL, por la que de seguro se siente usted atraído en su visita, aparte del deseo de conocer el pueblo.
La piel constituye en el caso de Ubrique una verdadera cultura, importantísima, que comienza en la noche de los tiempos y llega a nuestros días.
Desde tiempos remotos el hombre conocía la curtición, es decir, los procedimientos necesarios para la conservación, empleo y uso de la piel, sabedor de técnicas transmitidas desde siglos, consistentes en la mezcla de las propias pieles, desolladas y frescas, con una amalgama de grasas y sustancias vegetales. Más tarde, los sarracenos introdujeron el alumbre y la sal común como curtientes, dando a sus productos más consistencia y duración.

La evolución industrial hace que, hacia la segunda mitad del siglo XIX estos procedimientos desaparezcan, dando paso a nuevas formas, más técnicas, de conservación de las pieles, a las que Ubrique, perezosamente, rehuyó.
De las diversas épocas del hombre-curtidor o "tenerario" (de "tenería" que es el lugar donde se curten las pieles), poseemos pruebas testimoniales fehacientes, recopiladas en nuestros trabajos de investigación(11-a).

(11-a) Acuerdo tomado por el Cabildo Municipal el 23 de mayo de 1823: "...sacar a subasta 10.773 arrobas de curtido (casca de alcornoque) para las tenerías..."
Utillaje de una tenería
Se encuentra actualemente depositado en
el Museo de la Piel de Ubrique

Depositadas hoy día en el Museo Escolar "Reina Sofía", al que venimos aludiendo desde páginas anteriores, se encuentran una serie de "raspadores" y "raederas", herramientas prehistóricas de sílex de cometidos bien definidos que servían a aquel hombre primitivo para "raspar y ablandar la piel", una vez el animal desollado.
Asimismo de época romana existen en el Museo antes citado, restos de tenerías, de los que destacamos ensambles y tuberías de plomo, unos procedentes de Ocurris, y otras del subsuelo de la Guardería infantil La Esperanza .
También se encuentra depositada una completa gama instrumental del utillaje que era menester en una fábrica de curtidos, algunas de cuyas piezas datan del siglo XVIII.

En el Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla (Pl. de América), se encuentra expuesto un conjunto instrumental del utillaje de una TENERÍA, al igual que hay otro en el Museo Escolar "Reina Sofía". Ambos proceden de Ubrique.

El proceso evolutivo de la curtición en Ubrique no se explica más que por tener al alcance de la mano toda la materia prima con variados e importantísimos elementos curtientes: cal, sal y aguas (calcáreas) de sus caudales amplios y bien distribuidos por el pueblo.

A esta cal de su sierra penibética, a esta sal de la comarca (yacimientos salinos de Hortales, explotados anteriormente por ibéricos y romanos) hay que agregar el procedimiento curtiente mediante la casca o corteza tánica, tan superabundante en sus montes cercanos.
Con el paso del tiempo, este hombre-curtidor observa que su forma tradicional de hacer los curtidos, (de entre los que destacan ya los famosos becerros y suelas) requería mucho tiempo (cercano al año y medio para un buen acabado) y mucho espacio, lo que era igual a una gran inversión de capital muerto. Además no permitía satisfacer rápidamente la propia demanda. Estos inconvenientes, unidos a que se rehúsan las nuevas técnicas curtidoras, determinan la pronta agonía del casi medio centenar de tenerías existentes en Ubrique, establecidas en el margen izquierdo del río, que fueron cayendo una tras otra, desde principios del siglo XX, junto al río que las vio nacer.

Durante la postguerra del 36 e incluso en los últimos años de la contienda civil, algunas de ellas fueron reabiertas y militarizadas, y su producción fue destinada principalmente a los ejércitos, al tiempo que otras, "oscuras" y de economía sumergida, producían directamente para el comercio conocido como "estraperlo".
Ubrique,valle, vergel para caza y pesca.... escarpado suelo...
Foto: Manuel Cabello Janeiro



En la década de los cincuenta, ante la maltrecha situación del sistema curtidor y viendo que iba abocado a la ruina y la desaparición, hubo dos empresarios (Don Ángel Janeiro y Don José Corrales), que pretendieron la continuidad de los curtidos, cambiando esos buenos "becerros" y suelas por pieles más finas, para la marroquinería; meta que alcanzaron con muchos gastos y dificultades, aunque muy pronto también sucumbieron.
Hoy día, de aquel mundo curtidor, tan solo queda el recuerdo histórico de su presencia, alguna "tenería" en estado lamentable y ruinoso y algunos dichos y aforismos, como aquel nefasto que decía: ¡En Ubrique, mala mosca te pique...!
La explicación de esta frase es bien sencilla:

Cuando se traían a Ubrique pieles secas para ser curtidas, sometiéndolas primero a la depilación en noque de cal viva y luego a la curtición gradual, generalmente con cortezas de tanino, se daban casos, aunque muy raros, de venir pieles carbuncosas (afectadas por una enfermedad virulenta y contagiosa, mortífera en el ganado y que inoculada en el hombre puede llegar a producir la muerte).
Aquel maravilloso "becerro", del que quedan buenas muestras de piezas antológicas fabricadas en su piel en colecciones particulares, aquel recuerdo humano de fenomenales tenerarios, casi envueltos ya en la historia y la leyenda, como Sebastián Macías, Fernando Venegas, Vicente Romero, Juan Suárez, José Nuñez, "El Zamorano", Almeida y como empresas José Rubiales, Juan Flores, Miguel Romero, Manuel Esquivel, José Corrales, Manuel Rojas, Ángel Janeiro, Juan Gutiérrez... y un largo etcétera que se pierde en un amplio espacio de veinte siglos durante los cuales se curtieron pieles en Ubrique.
Tan famosísima llegó a ser esa piel, que se creía, y aún siguen creyendo algunos que "el ubrique" era un animal peludo de la sierra.
En recordada visita realizada al doctor Jiménez Díaz, nos comentó que "alguien de su entorno pretendía tener una cartera hecha de un ubrique que su padre había cazado por estas tierras..."

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